La IA generativa ya forma parte del día a día de muchos despachos: resume sentencias, propone estructuras de escritos, revisa cláusulas y traduce documentos en segundos. Pero un abogado no trabaja con información cualquiera. Todo lo que el cliente le cuenta está protegido por el secreto profesional, uno de los pilares de la profesión y del derecho de defensa.
La pregunta que se hacen muchos despachos no es si usar la IA, sino cómo hacerlo sin comprometer ese deber. Esta guía repasa qué dice la normativa, dónde están los riesgos y qué prácticas permiten aprovechar la tecnología con tranquilidad.
Qué dice la norma sobre el secreto profesional
El secreto profesional del abogado está regulado en varios niveles que conviene tener presentes:
- Ley Orgánica del Poder Judicial. El artículo 542.3 de la LOPJ establece que los abogados deben guardar secreto de todos los hechos o noticias que conozcan por razón de cualquiera de las modalidades de su actuación profesional, y que no pueden ser obligados a declarar sobre ellos.
- Estatuto General de la Abogacía Española. El Real Decreto 135/2021 desarrolla el secreto como un derecho y un deber (artículos 21 y 22). Su alcance es amplio: hechos, comunicaciones, datos, documentos y propuestas que el abogado conozca en el ejercicio de su profesión.
- Código Deontológico de la Abogacía Española. El Código de 2019 dedica su artículo 5 al secreto profesional y lo extiende a las personas que colaboran con el abogado.
- Código Penal. El artículo 199.2 castiga al profesional que, incumpliendo su obligación de sigilo o reserva, divulgue los secretos de otra persona.
A todo ello se suma el Reglamento General de Protección de Datos, porque buena parte de la información de un expediente son datos personales, a veces de categorías especiales (salud, condenas penales, datos de menores).
¿Usar una IA es revelar un secreto?
No necesariamente. Los despachos llevan años confiando información a terceros proveedores: el correo electrónico, el almacenamiento en la nube, el software de gestión de expedientes o el servicio de traducción. Nada de eso vulnera el secreto si el proveedor actúa bajo un contrato que le obliga a la confidencialidad, solo trata la información para prestar el servicio y ofrece garantías adecuadas.
Con la IA ocurre lo mismo. El problema no es la tecnología, sino las condiciones del servicio. Pegar el relato de un cliente en una cuenta gratuita y personal, cuyas condiciones permiten usar las conversaciones para entrenar modelos y cuyos servidores no sabes dónde están, es muy distinto de usar una herramienta contratada por el despacho, con contrato de encargo del tratamiento y sin uso de los datos para entrenamiento.
La diligencia exigible al abogado incluye elegir bien a quién confía la información y asegurarse de que ese proveedor la protege al menos como lo haría el propio despacho.
Qué se puede hacer y qué no
Una forma práctica de organizar el uso de la IA en el despacho es distinguir tres niveles:
| Nivel | Ejemplos | Recomendación |
|---|---|---|
| Sin datos del cliente | Resumir una sentencia publicada, explicar una reforma legal, proponer la estructura de un recurso, mejorar la redacción de un texto propio | Adelante, con cualquier herramienta autorizada por el despacho |
| Con datos anonimizados | Revisar un contrato tras quitar nombres, cifras y lugares; preparar preguntas para una entrevista a partir de hechos generalizados | Sí, con herramientas de empresa y revisando bien la anonimización |
| Con datos identificables del cliente | Pegar un escrito completo, correos del cliente, un informe médico o pericial, datos de la otra parte | Solo con herramientas contratadas con garantías de confidencialidad y nunca en cuentas personales |
Hay además cosas que conviene no hacer nunca:
- Usar cuentas personales o gratuitas para trabajar con información de un asunto.
- Subir documentos completos «por si acaso», cuando para la tarea basta un fragmento.
- Presentar ante un juzgado un texto o una cita generados por la IA sin comprobarlos.
- Delegar en la IA la decisión sobre la estrategia del caso o el consejo al cliente.
Cómo elegir una herramienta para el despacho
Antes de autorizar una herramienta para trabajar con información de clientes, revisa al menos estos puntos:
- Contrato de encargo del tratamiento con las cláusulas del artículo 28 del RGPD, incluida la confidencialidad del personal del proveedor.
- Compromiso de no entrenar modelos con tus datos, por escrito y no solo en una página de preguntas frecuentes.
- Ubicación del tratamiento y garantías si los datos salen del Espacio Económico Europeo.
- Conservación y borrado: cuánto tiempo se guarda la información y si puedes eliminarla.
- Control del despacho: altas y bajas centralizadas, y visibilidad sobre qué se usa y por quién.
- Registro: poder demostrar, si alguien lo pregunta, qué herramientas se usaron y con qué reglas.
Anonimizar un documento jurídico: más difícil de lo que parece
Quitar el nombre del cliente rara vez basta. En un escrito, una persona puede quedar identificada por la combinación de detalles: el juzgado y la fecha de una vista, el número de procedimiento, la empresa en la que trabaja, el barrio en el que vive o un hecho muy singular.
Algunas pautas útiles:
- Sustituye nombres de personas y empresas por etiquetas coherentes («el arrendador», «Sociedad A»).
- Elimina DNI, direcciones, teléfonos, correos, matrículas, números de cuenta y números de procedimiento.
- Generaliza fechas («a principios de 2025») y cifras («en torno a 50.000 €») cuando la exactitud no sea esencial para la tarea.
- Quita los detalles que no aportan nada al análisis pero facilitan reconocer el caso.
- Revisa los metadatos y los comentarios ocultos antes de subir un documento.
Alucinaciones: el riesgo que más cuesta ver
Los modelos de lenguaje pueden inventar sentencias, artículos o citas doctrinales con una apariencia impecable. Ya hay casos conocidos en varios países, como el asunto Mata v. Avianca en Estados Unidos (2023), en el que un tribunal sancionó a unos abogados por presentar resoluciones inexistentes generadas con una herramienta de IA, y los tribunales españoles también han advertido sobre ello.
La regla es sencilla: toda cita se comprueba en la fuente original (el BOE, el buscador del CENDOJ o la base de datos que uses habitualmente) antes de que salga del despacho. Pide a la IA que te indique de dónde saca cada afirmación y trata cualquier referencia sin fuente como un borrador.
Transparencia con el cliente
Cada vez más despachos explican en su hoja de encargo o en su política de privacidad qué herramientas tecnológicas utilizan y con qué garantías. Las guías de buenas prácticas publicadas por los colegios de la abogacía, como la del Colegio de la Abogacía de Madrid en 2025, insisten en tres ideas: supervisión humana, confidencialidad y transparencia.
Informar al cliente no solo reduce riesgos: también refuerza la confianza. Un cliente que sabe que el despacho usa la IA con reglas claras valora la eficiencia sin temer por su información.
¿Y el Reglamento europeo de IA?
El Reglamento (UE) 2024/1689 considera de alto riesgo los sistemas destinados a ayudar a las autoridades judiciales a interpretar los hechos y el derecho. El uso habitual de un despacho (redactar, resumir, revisar) no entra en esa categoría, pero sí te afecta la obligación de alfabetización en IA (artículo 4): el equipo debe saber qué hace la herramienta, cuáles son sus límites y cómo usarla con criterio.
Una política mínima para el despacho
Si todavía no tienes reglas escritas, empieza por estas:
- Solo se usan las herramientas autorizadas por el despacho, con cuentas corporativas.
- La información identificable de clientes solo entra en herramientas con contrato de confidencialidad y sin entrenamiento.
- Antes de pegar un documento, se anonimiza lo que no sea necesario para la tarea.
- Toda cita legal o jurisprudencial se verifica en la fuente original.
- La IA propone; el abogado decide y firma.
- Las dudas se consultan con la persona responsable antes de usar la herramienta, no después.
Si quieres que tu equipo use la IA con estas garantías sin depender de que cada persona recuerde las reglas, plataformas como Acotia protegen los datos antes de enviarlos a la IA y aplican la política del despacho de forma automática.
Fuentes
- Ley Orgánica 6/1985, del Poder Judicial (artículo 542.3).
- Real Decreto 135/2021, Estatuto General de la Abogacía Española (artículos 21 y 22).
- Código Deontológico de la Abogacía Española (2019) (artículo 5).
- Ley Orgánica 10/1995, del Código Penal (artículo 199).
- Reglamento (UE) 2016/679, Reglamento General de Protección de Datos (artículos 9, 10 y 28).
- Reglamento (UE) 2024/1689, de Inteligencia Artificial (artículo 4 y anexo III).
- ICAM: Guía de buenas prácticas para el uso de la inteligencia artificial en la abogacía.